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domingo, 19 de mayo de 2013

LOS "PRÍNCIPES" DEL SIGLO XXI. LOS PARTIDOS QUE EMPODERAN A SUS VOTANTES Y SUS MILITANTES (II)


Las transformaciones que se están produciendo están señalando necesidades en otro sentido que prescindir de los partidos en el sistema democrático.

La transición hacia el post-capitalismo. - de la que forma parte la crisis que estamos viviendo - que va a traer aparejados reajustes en el quién y el cómo del ejercicio del poder, en el contexto de una crisis generalizada de las maneras de gobernar y dirigir, traen consecuencias como:
  • El retorno de la importancia de la política
  • La demanda de profundizar y extender la democracia y para ello la educación delos ciudadanos en su autogobierno.
  • El convencimiento progresivo que los pocos actuales líderes heroicos no van a se la solución, sino que forman parte del problema- no tanto sus personas como sus prácticas. En cambio faltan muchos líderes próximos a la gente, que les ayuden a priorizar sus necesidades colectivamente y a comprometerse con las soluciones consensuadas/negociadas.
  • La experiencia de cómo, en un sistema democrático, los gobiernos sin partido, se ciegan y no son sostenibles.
Los partidos políticos serían necesarios para educar a los electores como ciudadanos en su autogobierno;para acabar con los líderazgos  carismáticos y burocráticos, y entrenar a los líderes suficientes y comprometedores que los sustituyan; para “inventar” una política de abajo arriba que responda a las necesidades, intereses y aspiraciones de sus votantes, sin que queden secuestradas y sean  respondidas excesivamente por los burócratas de las instituciones.


Pero no los partidos de las vanguardias iluminadas o las burocracias. Los partidos del siglo XXI tienen que asimilar, como todas las demás organizaciones, los requerimientos de la complejidad, olvidarse de las cómodas jerarquías que no funcionan y organizarse en red con sus cargos públicos y los líderes de opinión de sus votantes actuales potenciales – coalición estratégica -; empoderar políticamente a sus votantes, militantes y cuadros que completan la red con la coalición estratégica. Estos “príncipes” del siglo XXI dominan así a los ideólogos, gestores, movimientos sociales y medios de comunicación, que hoy interfieren su acción y su capacidad de generar las transformaciones de comportamientos públicos que se necesitan para transitar la transición.




La transición que vivimos, está mostrando que la sostenibilidad política, la alternativa a la desafección/abstención/desmovilización, no tiene más que una salida estable que hay que encontrarla en la vía de la coalición con los votantes.
Esta coalición es la que produce el compromiso de los votantes, no solo de dar su voto, sino también de ayudar a que otros también lo hagan. Así se consigue una sostenibilidad de resultados políticos. Hay suficientes ejemplos prácticos que lo demuestran y tantos ejemplos de situaciones de cómo se pierde esa sostenibilidad que, en momentos anteriores, se tuvo.
Conseguir y mantener la coalición/compromiso depende de que la formación política sea capaz de proporcionar por sus comportamientos y en contrapartida, unos valores, deseados por los votantes. Para conocer cuáles son esos valores, y asegurarse de que los votantes los perciben en los comportamientos los partidos y sus cargos públicos, se hace necesaria una intensa y continuada comunicación en dos sentidos, en la que la comunicación unidireccional de los medios masivos no será más que un apoyo, importante en algunos casos, pero nada más.
La comunicación continuada en dos direcciones, es una comunicación persona a persona y para realizarse a la escala de mayorías necesita una organización de personas que quieran y sepan llevarla a cabo.

En el siglo XXI, los partidos serán esas organizaciones de personas en la medida que,
  • abandonen sus prácticas burocráticas que han llegado a convertirlos en maquinarias clientelares y de captura de cargos, y sus dirigentes aprendan a practicar un liderazgo suficiente que en la educación y el empoderamiento de sus votantes y militantes, vaya eliminando tentaciones clientelares y dotando a “su sociedad” de líderes que animen la vía ciudadana a la mejora de la calidad de vida;
  • superen la visión a corto plazo de las campañas electorales, sumando a ellas planes y proyectos a medio plazo para el desarrollo de recursos estratégicos: orientación y conocimiento de los votantes actuales y potenciales, recursos humanos competentes – lideres, militantes, analistas y comunicadores, voluntarios, cargos públicos y directores profesionales - y financiación mayor y desde los votantes;
  • activen y motiven a la red que forman votantes – y sobre todo sus líderes de opinión – y sus militantes, con prácticas de elaboración/comunicación  de la política de abajo arriba, en contraste con la política de arriba debajo de las instituciones de legislativas y de gobierno.       





 Y en la medida que los partidos sean capaces de avanzar por esta vía, el partido y los líderes de opinión de sus votantes – actuales y potenciales -con los que ha llegado a coaligarse, pueden llegar a formar una coalición estratégica – gobierno+ partido+ líderes de opinión de los votantes- que asegura la sostenibilidad de los resultados políticos.

En el contexto de esta coalición, el gobierno, alimentado por las prioridades de los votantes que han sido la base de la coalición del partido y los líderes de opinión de sus votantes, puede ejercer una gobernanza eficaz, que no pone en peligro los resultados futuros, progresando, a su vez, en su capacidad de,

  • entregar efectivamente a los votantes, las prestaciones que responden a las prioridades acordadas;
  • contribuir a los proyectos estratégicos que han sido necesarios para despejar las incógnitas y conflictos que acompañan a los objetivos y medios de acción públicos;
  • transparentar los fines/medios de su actuación y someter sus decisiones a la mayor participación posible de los ciudadanos, incluida la negociación y el respeto  las minorías, sin perder de vista su coalición mayoritaria;
  • prever el futuro.

La coalición estratégica, con los límites de la madurez y estabilidad de la misma, da lugar a un nuevo actor de la política, una empresa de servicios políticos, entendiendo por tales, aquellos que contribuyen a la “formación y manifestación de  la voluntad popular”.
La coalición estratégica para mantenerse necesita una concepción y unas prácticas de sus dirigentes que superen las tentaciones de los liderazgos heroicos, tanto carismáticos como burocráticos. El conglomerado de organizaciones y asociaciones que la forman sólo puede encontrar una andadura estable, lejos de esquemas jerárquicos, en una organización en red, con un liderazgo suficiente que no se sitúa en ninguna cúspide sino al lado de aquellos nudos que necesitan apoyo para cumplir su función en la coalición.
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Sigue y lo comentaremos colectivamente los próximos 28 y 29 de junio en Barcelona, en la Jornada "Prácticas de Gobernanza Eficaz", cuyo programa y condiciones se encuentra en otra entrada de este mismo blog.



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