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lunes, 6 de enero de 2014

MALAS PRACTICAS

PARA MEJORAR/ASEGURAR
LOS RESULTADOS DE 2.015

Servicios profesionales de consultoría, formación, entrenamiento/acompañamiento

 
Estos servicios están dirigidos a hacer capaces a los sujetos de la acción política electoral a poner en marcha y mantener una CAMPAÑA LARGA.

 Los políticos y sus asesores deben llegar a dominar lo que ya hace tiempo llamamos CAMPEAR (según doña María Moliner: salir al campo a guerrear, hacer campaña) y ahora también podríamos llamar prácticas de ACTIVISMO político, para COALIGARSE con sus votantes actuales y potenciales, con la intermediación de los liderazgos de estos. 









II MALAS PRÁCTICAS



No es difícil encontrar buenas prácticas políticas en aquellos municipios en que se mantienen mayorías que gobiernan durante un tiempo dilatado. En otros casos, tampoco es difícil averiguar cómo se perdieron en sus momentos esas mayorías al cambiar sus buenas prácticas por otras “menos buenas”. No hace falta más que acercarse lo suficiente con un esquema mental suficiente y con buenas intenciones.

Si, por buenas intenciones entendemos la voluntad de mejorar los resultados políticos, también es fácil constatar que la mayoría de los cargos orgánicos de los partidos, con la excepción arriba mencionada, no tienen esa voluntad. Esto podría explicar la generalizada existencia de malas prácticas.

Y como suela ser corriente en las organizaciones burocratizadas, no hay tratamiento de la alternativa buenas/malas prácticas, ni hay conciencia de que no hay ese tratamiento. Este es el círculo vicioso que explica el empeoramiento de los resultados.
Otra manera de describir esta situación bastante generalizada es decir que los partidos tienen una “cultura de familias”, orientada al  mantenimiento del poder interno, y no una “cultura de resultados”, orientada a la consecución de votos/fondos/voluntarios.

Si los partidos/gobiernos no avanzan en una “cultura de resultados”, no es posible que mantengan/mejoren sus resultados políticos.

No basta para ello proponerse aprender buenas prácticas, si en paralelo no se desaprenden las malas, que al no ser patentes, infiltran y neutralizan el efecto de las buenas.

Para contribuir al diálogo y debate sobre malas y buenas prácticas vamos a apuntar a continuación algunas de las malas prácticas más frecuentes.




Como se ganan y se pierden votantes.


Se manejan explicaciones demasiado simples de cómo se ganan los votos, fruto de un pasado que no se va a volver  repetir. Hoy este es un asunto irremediablemente complejo, sobre la que es frecuente que los políticos tengan una percepción insuficiente de la realidad.

Nadie ha asegurado que unos ciudadanos a quienes agrade su ciudad tienen que votar necesariamente a su gobierno, aunque este haya contribuido a hacerla como es. Más bien hay bastantes ejemplos de lo contrario. Hay otros motivos de voto que no tienen que ver con la satisfacción por su ciudad: la ideología, la identificación con  Y al mi

Las instituciones con frecuencia dan a la gente más y más grandes prestaciones que las que la gente pide. La gente pide cosas mas pequeñas, pero quiere esas y no otras, aunque sean mayores.

Cuando los cargos públicos de un partido son vistos como arrogantes, que no escuchan, que no aceptan errores y que no piden ayuda/voto, los votantes se alejan. Y esto se acentúa cuando la red del partido se contrae.





El candidato y la candidatura

Contrasta la variedad de intereses, aspiraciones y estilos de vida de los votantes de un partido mayoritario con el esfuerzo de enfatizar al Candidato como un lider heroico o hiperlider. Y al mismo tiempo la falta de atención a los demás miembros de la candidatura.

¿Cuántos voto pueden ganar – o dejar de perder- lideres de opinión de los votantes actuales y potenciales, militantes movilizados con ascendiente en su entorno, y simples votantes que defiendan las posiciones de un candidato?

¿Cuántos votos pueden ganar – o dejar de perder – líderes locales con buenas mayorías a su favor si se deciden, de verdad, a poner su prestigio e influencia en la candidatura de su partido en otra instancias? ¿O cargos públicos competentes y con capacidad de influir en sus entornos que reconozcan que la tarea política no es solo gestionar?



La venta de un gobierno

La venta de un gobierno
La mayor parte de la comunicación política, dentro y fuera de las campañas electorales, se dedica a vender lo mucho y bien que se ha hecho y lo más que se hará. Los protagonistas son los gobiernos, los políticos. Con muy poca referencia a los votantes y cómo pueden vivir las mejoras en todas las dimensiones de su calidad de vida, no sólo las materiales.
Ahora se insiste en contar historias, pero sin conocer previamente las historias de los votantes, tal y como ellos las viven. Se puede llegar así, como mucho, a contar bellas historias sobre los políticos. “¡Propaganda!”.

  
El programa electoral

Generalmente, los programas electorales se parecen a las tesis de un opositor concienzudo que quiera demostrar que se sabe bien todos los puntos del programa. No parece que falten ideas a la izquierda. Mas bien lo que parece faltar es quién priorice y cómo entre las miles de ideas que llenan los programas. Y probablemente en los procesos de priorización se trasparentan los valores que más pueden interesar a muchos votantes.


La comunicación unidireccional.
A pesar de algunas campañas de escuchar de las que no suelen resultar respuestas correspondientes, la casi totalidad de la comunicación política es unidireccional. Es el público el que debe recibir pasivamente: los discursos de los mítines, las apariciones en los medios de los candidatos, la publicidad exterior en los medios, los mensajes en los folletos y cartas, los SMS. Incluso los militantes reciben argumentarios como si fueran vendedores puntuales, no participantes en una conversación continuada.

Corto plazo/medio plazo

Los recursos estratégicos no se desarrollan en una campaña electoral. Son más bien el resultado de proyectos a medio plazo. Y en la medida de su desarrollo pueden contribuir al éxito de una campaña electoral.
La dirección política que solo funciona a impulsos de campañas electorales, o aplica la misma lógica a toda su acción, nunca llega a desarrollar sus recursos estratégicos y más bien irá debilitándolos.

El tiempo 
Las campañas electorales no pueden ser eficaces en la dimensión temporal legal ni tampoco en tres meses. Una mínima consideración del trabajo que comporta exige un tiempo mínimo de un año. Mejor serían dos.
Y todavía mejor, que la dirección política sea capaz de sintetizar los proyectos de desarrollo de recursos estratégicos, y las campañas de los diferentes tipos de elecciones, en un marco de campaña permanente que mantenga entrenada a la organización.


No parece, pues, que las direcciones políticas que se practican perciban el estado de su capital social partidario, ni la eventual desactivación de redes sociales y militantes, ni el rechazo a una política que se elabora únicamente de arriba abajo, ni  la inutilidad de muchos de los esfuerzos unilaterales de comunicación.  Así, no pueden diagnosticar porqué crece la desafección y disminuyen sus votos, ni pueden salir del círculo vicioso que han creado en su organización.





Los políticos y sus asesores tienen que ser capaces de “desaprender“ las malas prácticas.  Y para ello aprender
a llevar a cabo evaluaciones resultados/esfuerzos políticos,  iniciar diálogos de valores/prácticas y coaligarse sobre consensos.




SEGUIRA

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