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viernes, 6 de noviembre de 2020

UNA BUENA LECTURA PARA SECRETARIOS DE ORGANIZACIÓN... Y ACTIVISTAS/LIDERES POLÍTICOS

 Me parece un momnento oportuno de reeditar esta entrada

MIÉRCOLES, 13 DE JUNIO DE 2018

UNA BUENA LECTURA PARA SECRETARIOS DE ORGANIZACIÓN






La acción colectiva organizada que desafía al statu quo - un movimiento social - requiere un liderazgo que vaya más allá de una persona carismática estereotipada con quien se identifica frecuentemente. Imposible de confiar en las estructuras burocráticas establecidas para la coordinación, evaluación y acción, tal acción depende de la participación voluntaria, el compromiso compartido y la motivación en marcha.  

Los movimientos deben movilizar bajo condiciones de riesgo no sólo porque oposiciones con buenos recursos con frecuencia resisten a sus esfuerzos, sino también porque la misma empresa está llena de tensión, con incertidumbre sobre cómo - o si - sucederá en primer lugar. La capacidad de un movimiento social para la acción efectiva depende en gran medida en la profundidad, extensión y calidad delliderazgo capaz de convertir la oportunidad en propósito.

Movilizar a otros a alcanzar un propósito bajo condiciones de incertidumbre - lo que el líder hace - desafía a las manos, la cabeza y el corazón El reto a las "manos" es el de la acción, de aprender, de adaptarse  y dominar nuevas habilidades. El reto a la cabeza es el de la estrategia, imaginando cómo transformar los recursos de uno en poder, para alcanzar los propósitos de uno. El reto al corazón es el de la motivación, de la necesidad urgente de actuar, y el de la esperanza en el éxito, y el valor de arriesgar. Este es el trabajo de la narrativa pública.

La narrativa pública es una práctica de liderazgo de traducir los< valores en acción. Se basa en el hecho de que los valores se experimentan emocionalmente. Como tales, son fuentes de fines valiosos para la acción y de capacidad para la acción. La narrativa es el significado discursivo que usamos para acceder a los valores que nos equipa con el coraje para elegir en condiciones de incertidumbre, para ejercer de agencia. Una historia se compone de una trama, un carácter y una moral. Una trama se inicia por una reto que confronta a un carácter  con una elección, que, a su vez, produce un resultado. Porque nos identificamos empáticamente con el carácter, experimentamos el contenido emocional del momento - los valores en juego, no simplemente ideas. Las narrativas así se convierten en fuentes de aprendizaje, no solo para la cabeza, sino también para el corazón. 

La narrativa pública liga los tres elementos del sí-mismo, el nosotros y el ahora: por qué soy requerido, porqué somos requeridos, y por qué somos requeridos para actuar ahora.

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Bajo el título de "Public Narrative, Collective Action and Power", puede descargarse de Google este interesante artículo de Marshall Ganz, originalmente publicado en Washington por el World Bank, dentro de una obra colectiva cuyo título es "Accountability Through Public Opinion: From Inertia to Public Action" (2.011) . Ahora contamos con una traducción al español con el título de "Organizando: pueblo, poder y cambio", con adaptación del argentino Ignacio de Ibarzábal que puede adquirirse en Amazon 

lunes, 2 de noviembre de 2020

DIALOGO Y DISCUSION

Una vez más, me parece que viene a cuento este texto, ya compartido varuias veces, como instrumento para mejorar la eficacia de la comunicación política. 






JUEVES, 27 DE OCTUBRE DE 2016

DIALOGO Y DISCUSION

La imposición cuando algún actor tiene un poder irresistible no anima a entender lo que pasa en el entorno sino a dominarlo. Pero cuando, como es más normal en nuestro tiempo, un actor tiene un poder más limitado actuar como si se tuviera más suele deparar sorpresas desagradables.

Lo que venimos viviendo en nuestro país, me sugiere la utilidad de volver a recordar este texto sobre el valor del diálogo como complemento y preluido de la discusión o debate, previo a la buena decisión.  

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La disciplina del aprendizaje colectivo implica dominar las prácticas del dialogo y la discusión. En el diálogo, existe la exploración libre y creativa de asuntos complejos y sutiles, donde se “escucha” a los demás y se suspenden las perspectivas propias. En cambio, en la discusión se presentan y defienden diferentes perspectivas y se busca la mejor perspectiva para respaldar las decisiones que se deben tomar. Aunque, en la realidad, podrían ser complementarios, la mayoría de los grupos no saben distinguir entre ambos y moverse conscientemente entre uno y otro.

El aprendizaje en equipo implica también aprender a afrontar creativamente las fuerzas poderosas que se oponen el dialogo y la discusión productivas (“rutinas defensivas”, “guerras de abstracción”)

Aprender a escuchar las voces disidentes, equilibrar la exposición y la indagación, mirar los problemas desde puntos de vista diferentes, tienen que ver sobre todo con los valores con que un equipo concibe que deben inspirar su actuación. Pero también es posible pensar en apoyar a esas personas en reflexionar y mejorar su manera de hacerlo.



La exposición improductiva impide que uno comprenda la posición de los demás, impiden que los demás comprendan la posición de uno, dificultan el descubrimiento y resolución de problemas sistémicos de base y dañan la vida colectiva:

o   presentar opiniones como si fueran hechos comprobados;
o   no explicar ni revelar razonamientos que justifiquen la opinión;
o   no dar ejemplos ni ilustrar en forma práctica el significado de la opinión;
o   no exponer dudas ni revelar áreas de inseguridad o ignorancia;
o   evitar preguntas y objeciones;
o   argumentar que la opinión propia es la única razonable;
o   hablar más que escuchar, interrumpir a los demás;
o   demoler los argumentos de los otros.

    

El indagar improductivo produce las mismas consecuencias negativas:

o   expresar las declaraciones como preguntas;
o   formular sólo preguntas que conducen la respuesta o retóricas;
o   no formular preguntas que expongan desconocimiento;
o   solicitar las opiniones del otro sólo para verificar que concuerdan con las propias;
o   escuchar únicamente aquello que concuerda con las ideas propias y descartar el resto;
o   no hacer preguntas sobre datos o razonamientos;
o   utilizar las preguntas para interpretar;
o   esconder supuestos capciosos en el trasfondo de la pregunta.

       

Si logramos exponer productivamente, estamos abriendo a los demás los razonamientos propios para ayudarles a entender por qué uno piensa lo que piensa:

o   Apropiarse (hacerlas propias) de las opiniones, inferencias e interpretaciones que uno expresa. Reconocer que son lo que “uno piensa” y no la “verdad objetiva”. Más aún que ese pensamiento nace de bases precarias y siempre perfectibles. Expresar los sentimientos de uno hacia las cosas, más que calificar las cosas en sí.
o   Admitir implícitamente ante uno mismo, o explícitamente ante los demás que uno puede estar equivocado (por tener información incompleta, por haber cometido un error lógico, por hacer inferencias inválidas, por no haber considerado alternativas relevantes, por desconocer objetivos de otros o por cualquier otra razón;
o   Exponer aquellos supuestos, prejuicios, y presunciones de los que uno sea consciente. Plantear el escenario en el cual uno asume que se desarrollan los acontecimientos que se van a analizar permite a los demás contextualizar el argumento y comprender mejor el razonamiento;
o   Exponer las observaciones (datos objetivos) que fundamentan su razonamiento. Recordar que los datos apoyan las conclusiones pero no las validan. Recodar que puede haber otros datos relevantes que uno no ha incluido en el análisis, o que las observaciones pueden estar sujetas a error.
o   Exponer las inferencias lógicas y las comparaciones con estándares que llevan al razonamiento de los datos a las conclusiones. Hacer estos estándares tan explícitos como sea posible.
o   Recomendar acciones basadas en las opiniones que uno sostiene. Explicar las consecuencias que uno prevé por actuar, o no actuar, en la situación considerada. Comparar estas consecuencias con los objetivos.
o   Ilustrar el razonamiento con ejemplos y casos concretos. Plantear situaciones que permitan a los demás entender los alcances del razonamiento y las recomendaciones de acción en contextos específicos.
o   Verificar que los demás hayan entendido el argumento. Darles oportunidad de hacer preguntas que promuevan aclaraciones, alentarlos a indagar.
o   Invitar a los demás a que opinen sobre la perspectiva expuesta  y ofrezcan complementos o alternativas. Indagar cuáles son sus reacciones respecto de los argumentos y solicitar oposición a éstos.
o   Evitar la tentación de defender la posición propia, antes de comprender la posición de los demás. Colocarse en la posición de indagar antes de volver a exponer. Si alguien expresa dudas sobre la conveniencia de algún curso de acción expuesto, preguntarle cómo le parece que se podría hacer de modo más efectivo.

La indagación productiva es una forma de descubrir los razonamientos de los demás, de ayudarles a exponer no sólo qué piensan, sino por qué piensan lo que piensan. Permite a los otros presentar elementos de su proceso de pensamiento y ser escuchados con respeto y atención.

La condición fundamental para indagar productivamente no tiene que ver con una técnica sino con la actitud en la escucha. La capacidad de prestar atención es inversamente proporcional a la necesidad de tener razón.

o   No interrumpir (o “completar” las oraciones del otro).
o   Mantener contacto visual y una posición corporal abierta.
o   Verificar que uno comprendió la perspectiva del otro e invitarle a apropiarse de su interpretación mediante la “posición de espejo”: resumir la postura del interlocutor expresándola en forma responsable y preguntándole si se ha captado lo que el otro intentó comunicar. Si el otro cree que uno no resumió su posición correctamente, uno puede pedirle que la corrija o que la vuelva a expresar. Es fundamental no seguir adelante hasta que el otro no haya dado el visto bueno a la forma en que resumió sus ideas.
o   Orientar la indagación hacia el aprendizaje y no a probar que uno está en los cierto y el otro equivocado. Hacer preguntas abiertas que den al oro la posibilidad de explayarse.
o   Investigar los supuestos que subyacen a la interpretación del otro. Invitarlo a comentar las condiciones de contexto que dan sentido a su texto. Verificar las inferencias que uno hace sobre el marco conceptual que el otro usa para interpretar la situación.
o   Preguntar por las observaciones y datos que sustentan el razonamiento del otro. Antes de evaluar si el razonamiento es cierto o relevante, intentar entender cómo su interlocutor lo fundamenta (o no) sobre bases de hechos.
o   Pedir al interlocutor que manifieste sus inferencias lógicas y sus criterios de evaluación que utiliza. Intentar entender de dónde derivan esos criterios.
o   Indagar sobre las recomendaciones o sugerencias de acción que el otro deriva de su opinión. Invitarlo a explicar cómo esas acciones ayudan a conseguir ciertos objetivos. Pedirle que conecte esos objetivos con necesidades o intereses individuales o colectivos.
o   Pedir que el interlocutor ilustre su razonamiento con ejemplos y casos concretos.
o   Verificar la comprensión de la posición de la otra persona resumiendo sus puntos principales.
o   Una vez que el otro acepte el resumen de su posición pedirle permiso para agregar información o presentar algún desacuerdo. No introducir ninguna contra-argumentación sin el visto bueno del interlocutor.

domingo, 18 de octubre de 2020

BASES CONCEPTUALES PARA LOS ENTRENAMIENTOS EN PRÁCTICA POLÍTICA


Una introducción al Arte del Activista/Líder Político



En los últimos meses venimos trabajando en ensayar los entrenamientos en práctica política con vistas a ir alumbrando liderazgos políticos postburocráticos que vayan sustituyendo a las prácticas burocráticas que amenazan con sumir en el caos nuestra sociedades.


Estos ensayos pretenden, a la vez, seleccionar buenas prácticas y practicar nuevas maneras de aprender sobre ellas.


Partimos de constatar un vacío en la reflexión sobre las propias prácticas. La reflexión se limita a las ideas. Y estas raras veces hacen referencias a las prácticas. Es por esto, que necesitamos acordar unas bases conceptuales que sirvan específicamente para reflexionar sobre la práctica política que sirvan, a su vez, para discriminar las malas de las buenas prácticas, entender cómo se generan unas y otras, y así efectuar su sustitución.


No quiere decir que no haya políticos cuyas prácticas sean predominantemente buenas y enclaves en los que se llevan a cabo liderazgos verdaderamente postburocráticos. Pero sí que en la mayoría de estos casos se trata de hallazgos intuitivos que sus actores no saben explicar cómo han llegado a ellos, de modo que les es muy difícil mejorarlos y enseñar a otros.


Creo, pues que merece la pena dedicar algún esfuerzo por sentar unos esquemas conceptuales para leer la práctica política, y aplicarlos a reflexionar sobre las prácticas buenas/malas, así como a entrenar en las buenas prácticas.


Una buena parte de estas ideas ya han estado publicadas en el grupo “Nuevos Liderazgos Activistas para la Democracia”, pero me ha parecido útil reunirlos en un papel como colofón del trabajo del primer mes.


La primera gran base conceptual que se requiere es comprender la política como un fenómeno social omnipresente que consiste en el empleo del poder para alcanzar fines. Y que el poder es la capacidad de influir en las decisiones de otros a partir de la aptitud de proporcionarles o privarles de cosas ( materiales e inmateriales) que valoran. Lo que se pone de manifiesto en interacciones entre personas y grupos.


El trabajo de conocer todo esto en una situación concreta que puede vivir un activista/líder político hace imposible que una sola persona pueda alcanzar un trozo grande de la realidad global, lo que aconseja que acote el campo sobre el que trabajará personalmente y estime el número de personas con las que deberá coaligarse en función del alcance de los resultados políticos a lograr y el poder institucional que pretenda.


El activista/líder político deberá entrenarse para llevar a cabo su inmersión (dónde se reúnen y hablan de política) en grupos sociales que entran en las siguientes categorías, al menos: los votantes actuales y potenciales, los abstencionistas, los líderes de opinión de todos ellos, personas que pueden llegar a ser compañeros de grupos políticos de aprendizaje, dirigentes y militantes de partidos, miembros de la élite de poder local. Esta inmersión debería permitir huir de la reificación de los problemas públicos, describiendo éstos siempre en términos de privación de determinados valores de grupos de personas, causados por otros grupòs de personas.


Paralelamente, la dirección consciente de la acción política ha de contar con un sistema de inteligencia que, al menos, indique los resultados – votos – que cada actor político va logrando en las sucesivos ciclos electorales. La administración electoral facilita con rigor la información a un nivel desagregado que hace fácil el seguimiento por parte de cada activista. Así cada uno de ellos puede analizar conscientemente la evolución de sus resultados, y los grupos pueden discutirlos y enjuiciar las prácticas que están detrás de ellos.


Las prácticas que se inician en esta introducción deberán ser objeto de entrenamiento permanente (como un pianista entrena la agilidad de sus dedos), por lo que serán objeto de ejercicios en sucesivas sesiones.



Nota.- Se recomienda la lectura adicionalde los papeles ORIENTACION A LOS RESULTADOS y ARQUITECTURA SOCIAL DE YPOLÍTICAS PARA ACTVISTAS/LÍDERES POLÍTICOS.


Este curso introductorio se completa con otras tres partes: COMUNICÁNDOSE PARA COALIGARSE, IDENTIFICANDO VOTANTES Y LIDERES, CONSTRUYENDO COMUNIDADES DE VOTANTES: ESTRATEGIA DE CONTINUIIDAD EN EL ENTRENAMIENTO. 

miércoles, 7 de octubre de 2020

ARQUITECTURA SOCIAL Y POLÍTICA PARA ACTIVISTAS/LIDERES POLITICOS

 

Joanot Martorell contaba en su famosa novela de caballería cómo Tirant lo Blanc era capaz de cristianar a diez mil infieles de una vez. Esto lo hacía después de haberles derrotado en la batalla y conminándolos con flechas y lanzas a que se convirtieran, y si no los mataría.

Estoy hoy nos suena a inverosímil, propio de una novela de caballería.

Sin embargo, hace menos de dos años tuve que tener en un seminario un debate intenso con un político asistente que, ante mi afirmación de que los votantes había que ganarlos de uno en uno, reaccionó casi enfadado y en la discusión llegó a afirmar que los votantes se podían conseguir, por ejemplo, de cuarenta mil en cuarenta mil. Afortunadamente los demás asistentes no estaban de acuerdo con él.


Dejando de lado estas anécdotas curiosas, la experiencia está demostrando que “apalabrar” el voto, y no dejarlo suelto al albur de avatares mediáticos requiere una comunicación permanente persona a persona entre el votante y alguna persona por la que quiere dejarse influenciar. Estos influyentes pueden ser líderes de opinión y también activistas políticos, si bien la influencia de éstos suele resultar más eficaz si se canaliza a través de los líderes de opinión con los que los activistas se coaligan.

Si esto es así, y cada persona interesada podría confirmarlo por ella misma aproximándose suficientemente a procesos de decisión de electores, la acción política para ganar y no perder votantes, debería tomar en cuenta la arquitectura social del electorado, y, además adecuar su arquitectura política de modo que contribuya a coaligarse con los líderes a los que otorgan influencia sus votantes actuales y potenciales.


La respuesta eficaz para no perder y ganar votos va a depender de nuestra capacidad de acertar en un equilibrio entre responder a cada demanda individual y saber priorizar entre esas demandas de los individuos, logrando algo que venimos a llamar como el interés de una mayoría.

Generalmente, nadie sabe lo que quiere la gente debido al aislamiento en que viven las personas. Allá donde existe una vida social, interacciones suficientes, es fácll deducir lo que quiere la gente. Eso se suele ver claro sobre todo en momentos críticos cuando la gente reacciona con violencia ante amenazas o necesidades agudas.

Pero en muchos sitios, sin esas circunstancias extremas, las personas se relacionan poco o solo funcionalmente.

“Trabajamos, gastamos muchas de nuestras horas despiertos trabajando para alguien cuya vida no conocemos nada, que no conoce nada de nosotros; pagamos una renta a un propietario al que nunca vemos o vemos solo una vez al mes, y, sin embargo, nuestra casa es nuestra posesión más preciada; tenemos un doctor que está con nosotros en cruciales momentos de nacimiento y muerte, pero con los ordinariamente no nos encontramos; compramos nuestros alimentos, nuestras ropas, nuestro carburante de personas de las que frecuentemente no sabemos nada. Conocemos a toda esta gente en su capacidad ocupacional, no como personas como nosotros, con corazón como nosotros, deseos como nosotros esperanzas como las nuestras.

Y este aislamiento de los que contribuyen a nuestras vidas, y de aquellos a cuyas vidas contribuimos, no nos proporciona ninguna proximidad de nuestros vecinos en su aislamiento. Por cada dos o tres de nosotros piensa que nosotros mismos como algo mejor que cada uno de otros dos o tres, y esto se convierte en un muro mortal de separación, incomprensión, antagonismo. ¿Cómo podemos ir adelante con esta artificial separación? ¿Cuál es lo que pudre de nuestra vida?. Primeramente, debemos que aceptar que cada uno tiene algo que dar.”

Este texto de Mary Parker Follet, un poco barroco, indica sin embargo, una circunstancia muy crucial tanto para que un gobierno o un partido se embarquen en políticas que le aparten de sus votantes, como de que los ciudadanos comprendan mejor sus intereses en el contexto de los intereses de los demás que les son próximos


La suma de ocurrencias individuales no sirve de base sólida para basar una política que preserve de perder/ayude a ganar votantes.

En la realidad, así como no sabemos fácilmente qué quiere la gente, tampoco está muy claro siempre qué sea un barrio. Un conjunto de habitantes que viven en contigüidad física, aunque cuenten con elementos de convivencia como centros de enseñanza, iglesias, centros comerciales, parques y otros equipamientos de uso común, no forman un barrio si no existe una “cierta conciencia de barrio”. Esta conciencia se ha formado en algunos núcleos de población fruto de la historia vivida. Sin embargo, en los tiempos más recientes, la llegada rápida de nuevos habitantes ha provocado una acumulación de personas sin que la conciencia de barrio se desarrollara. Y en las ciudades más grandes, se viene utilizando divisiones mayores, los distritos, que juntan auténticos barrios antiguos con zonas de habitantes en las que no ha tenido lugar el desarrollo de la conciencia de barrio.


De ahí que el primer servicio que puede prestar un activista a sus votantes actuales y potenciales es el de juntarlos y crear las condiciones de que prioricen colectivamente, es decir contrastando sus ocurrencias con las de los demás y elegir las que colectivamente, siguiendo un método que acepten, resulten prioritarias para un período.

Mary Parker Follet prescribe estas cinco vías para desarrollar la conciencia de barrio:


  1. “Por reuniones regulares de vecinos para la consideración de los problemas del barrio y cívicos, no meramente reuniones esporádicas y ocasionales para objetos específicos y ocasionales.

  2. Por una genuina discusión en estas reuniones regulares.

  3. Por aprender juntos – a través de lecturas, clases, clubs, compartiendo la experiencia unos de otros a través de intercursos sociales; aprendiendo formas de expresión de arte comunitario; en resumen liderando una vida comunitaria actual.

  4. Por tomar más y más responsabilidad por la vida del barrio.

  5. Por establecer alguna conexión regular entre el barrio y los gobiernos de la ciudad, el estado y de la nación.”


Paralelamente, el partido que quiera conocer cuáles son los intereses colectivos de unos vecinos bien educados socialmente, no tiene porqué intentar controlar el liderazgo social de los vecinos, sino más bien fomentarlo y apoyarlo, con la acción de sus activistas, actuando de facilitador de las relaciones con las instituciones públicas.

Un proceso de constituir comunidades de sus propios votantes, a partir de cada sección electoral, servirá a la vez para contar con voluntarios que apoyen la creación de la conciencia de barrio, estimular el liderazgo social natural del mismo, conocer de primera mano las vicisitudes por las que atraviesan, e ir haciéndose sensibles a los procesos reales de decisión de los electores.


La discusión de problemas en un barrio que va cobrando conciencia de serlo, tiene la ventaja de tratar problemas que difícilmente pueden ser manipulados, por lo patente de los mismos. Y sobre esa problemática genuina ir tejiendo las interacciones que contribuyen a obtener, por una vía respetuosa con los individualidades, un interés colectivo. Este paso de lo individual a lo colectivo es una clave de la sana política democrática.


El gobierno de un municipio organizado administrativamente por distritos, sacará ventaja de dar realidad también administrativa a sus barrios, contribuyendo a que conjuntos de vecinos adquieran conciencia de tales







ARQUITECTURA POLÍTICA



Un partido político que pretenda seguir los procesos de decisión de sus votantes y estabilizar en positivo sus resultados, consiguiendo que la proporción de voto “apalabrado” sea claramente mayor que la del voto “suelto”, requiere organizarse teniendo en cuenta la arquitectura social de sus votantes.

Dos principios que deben regir su actuación a este respecto pueden ser:

  • contribuir donde sea necesario a que la organización por barrios sea efectiva, superando tentaciones “caudillistas” de sus cargos públicos y ejecutivos, y procurando las condiciones para que los ciudadanos se escuchen y establezcan prioridades colectivas, tanto a corto como a medio plazo;

  • fomentar la aparición de líderes sociales y de opinión de los votantes, no competir con ellos, sino ayudarles a que consigan su rol, y coaligándose con ellos en acciones prácticas que mejoren la calidad de vida de sus votantes.


La sección electoral con sus aproximadamente 1.000 electores conviene que sea la pieza clave de la arquitectura del partido, por tratarse de la unidad menor en la que es posible tener una información fidedigna sobre resultados electorales. Un buen tratamiento de los votantes actuales y potenciales de una sección electoral podrá hacerse con entre 2/6 activistas. Podrán identificar a los votantes y a sus líderes de opinión, seguir los procesos de decisión política de unos y otros, y prestarles los servicios políticos que concurren a la formación y manifestación de su voluntad política.


Aproximadamente, un conjunto de 10 secciones electorales pueden llegar a constituir un barrio. Los activistas que mantengan sus conversaciones con sus votantes actuales y potenciales y sus líderes de opinión, podrán contribuir a ir elaborando priorizaciones y políticas de abajo arriba en coalición con los líderes de opinión.


Las actuaciones priorizadas por los equipos de barrio son una buena base para contrastar las políticas de arriba abajo del gobierno municipal con las políticas de abajo arriba y encontrar así una manera de armonizar políticas entre los diferentes barrios

En la ciudades grandes de nuestro país existen divisiones por distritos, que se han concebido más como soluciones de descentralización administrativa de unos servicios, en general, demasiado centralizados. En la lógica de los distritos, no se tiene muchas veces en cuenta la estructura natural de barrios o de pequeños municipios absorbidos. La tarea de estructurar o recuperar barrios, sería una tarea importante de los activistas políticos de los partidos. Pero eso será así si los partidos creen en el valor de una política de verdad de abajo arriba, y no se limitan a emplear sus militantes como “palmeros” de la política del gobierno.

Una agrupación local de un partido estará formada por un conjunto de equipos de barrio – con sus correspondientes equipos de secciones electorales.


El partido como organización para conseguir resultados políticos, tendrá que fijar objetivos de votantes, donantes y voluntarios, a nivel del municipio, en función del papel que quiere/puede jugar en el mismo. Estos objetivos son desglosables por barrio y sección electoral. Un juego de compromisos/apoyos entre los diferentes niveles de la organización (municipio, barrio, sección electoral) debería servir para mantener la tensión hacia la consecución de esos objetivos.

Los encuentros en pequeños grupos con votantes, es el primer servicio que los activistas pueden prestarles y sirven para detectar y priorizar necesidades e identificar líderes de opinión con los que ir coaligándose los activistas, alrededor de acciones de mejora de la calidad de vida.

La dirección política de cada agrupación debería llevar a cabo encuentros de la dirección con los activistas y simpatizantes para crear una comunicación en dos sentidos, tanto sobre los problemas de la ciudad, como sobre la acomodación del partido a las necesidades de militantes y votantes.


Deberá asumir la animación de tareas que efectivamente contribuyan a los resultados:

  • entrenando individualmente a los activistas en sus tareas, procurando el entrenamiento, a su vez, de entrenadores a partir de activistas con buenas prácticas;

  • trabajando colectivamente en asambleas y reuniones de ejecutivas, donde no se celebren “misas conventuales”, sino siguiendo órdenes del día con más bien diálogos que pongan de manifiesto las prácticas buenas y malas, en la medida que se siguen las previsiones de resultados que se van obteniendo en votantes, donantes y voluntarios, sin esperar a las elecciones.


Las ejecutivas deberían integrar sobre todo a responsables de equipos de barrio, entendiendo que las secretarías funcionales deberían figurar más bien como asistentes técnicos de los mismos. Así, estarán más presentes en la acción política los objetivos de votantes, donantes y voluntarios

lunes, 5 de octubre de 2020

ORIENTACION A LOS RESULTADOS DE LOS ACTIVISTAS/LIDERES POLÍTICOS

Este texto forma parte de una guía para diseñar los entrenamientos en el ARTE DEL ACITVISTA/LIDER POLÍTICO



Al mismo tiempo que se van ejercitando las prácticas para identificar valores y actuar de modo que se va obteniendo y ejerciendo poder, hay otro conjunto de prácticas que deben encaminar la acción del activista a la obtención de resultados políticos. Sin esta orientación a los resultados , se corre el riesgo de constituir en todo caso un “ateneo” - o peor todavía, una empresa de variedades culturales - pero no una organización política capaz de trasformar la realidad por medio del poder institucional.


La política es una actividad práctica que puede conseguir ciertas transformaciones de la realidad, por medio de los cambios de comportamientos de los ciudadanos y las prestaciones de las instituciones públicas. Quien quiera liderar conscientemente esta actividad ha de contar con algún sistema de inteligencia que la permita evaluar los resultados que consigue la misma. Bien es verdad, que vivimos situaciones en las que muchos políticos prefieren no pensar o engañar en cuanto a esos resultados. Por supuesto, que a ellos no van dirigidas estas líneas, prefiriendo que no las lean, no vaya a ser que encuentren otras maneras de engañar con ellas.


Es menos difícil, de lo que dicen los que no quieren, diseñar una colección de indicadores para evaluar en una situación concreta los resultados y su evolución. Aquí, vamos a hacer una primera aproximación, que puede completarse más adelante; pero que ya es suficiente para empezar a sacar utilidades prácticas para apreciar buenas y malas prácticas y actuar en consecuencia en los entrenamientos.


En un sistema democrático, el número de votantes que cada opción política consigue en las sucesivas elecciones es un sólido y fiable indicador de resultados positivos/negativos.


El activista/líder político ha de dotarse de un sistema de inteligencia personal y contribuir al desarrollo del sistema que ponga esta inteligencia a disposición de todos los actores de la comunidad de votantes y a proporcionarles entrenamiento para decidir en base a ella

El sistema de inteligencia se alimenta de los siguientes tipos de datos/informaciones:


  • La serie histórica de los resultados electorales.

  • Los análisis cualitativos de los activistas.

  • Los estudios de las redes virtuales.

Los estudios ad-hoc (“focus group”. encuestas de base, barómetros y paneles.

En esta introducción, sólo merece la pena de ocuparse de asegurar que la parte que tiene que ver con la obtención y tratamiento de la serie histórica de resultados electorales se constituye y proporciona información fiable y sistemática a todas las personas que tengan que ver, de algún modo, con no perder/ganar votos. Es de primordial importancia y urgencia contar con un soporte que permita conocer la realidad electoral a todos los participantes en el juego.


Este soporte puede consistir en dos fichas standard que contengan para cada elección y sección electoral – sin perjuicio de hacer agregaciones por barrio y municipio – al menos los siguientes datos:


  • el número de electores y su evolución:

  • los abstencionistas y su proporción sobre el número de de electores;

  • la cifra y proporción del voto blanco y nulo;

  • la cifra y proporción del voto a partidos, así como la de cada uno de los partidos en esa cifra.


Además de los datos estas fichas deberán contener amplios espacios en blanco, en cada línea y columna para poder anotar observaciones que expliquen los datos, en su caso.


Una de las fichas contendrá la serie cronológica de las elecciones locales y la otra la serie de todas las elecciones de, al menos, un ciclo electoral completo.


Estos soportes sirven a ejercicios que permiten entrenar prácticas de evaluación de la situación, así como de apreciación de buenas y malas prácticas, así como de previsión de resultados en elecciones futuras , tanto más ajustadas cuanto sea posible con datos paralelos a los resultados de esfuerzos – fondos/donantes; tiempo voluntario/militantes; prestaciones; servicios políticos. Así se podrá profundizar en ensayar a establecer relaciones de causalidad entre unos y otros.


En la medida que estas informaciones sean rigurosas, como de hecho lo son los datos de las estadísticas de resultados electorales, y compartidas por los actores de la decisiones, más segura será la implicación de éstos.


Estas prácticas de orientación al votante de la acción política han de mantenerse y perfeccionarse a lo largo de todas las decisiones que irá tomando el activista/líder político a lo largo de su carrera y formar parte del lenguaje de sus coaliciones en grupos, comunidades y organizaciones.




 

sábado, 19 de septiembre de 2020

APUNTES DE LOS ENTRENAMIENTOS EN PRÁCTICA POLÍTICA



Un primer ensayo de un marco conceptual introductorio


Estamos empezando a constituir un grupo de entrenamiento alrededor del arte del activista/líder político, a partir de un grupo de Facebook que venimos titulando “Nuevos liderazgos activistas para la democracia”. Es un intento de, a la vez, diseñar y entrenar en un liderazgo político no burocrático a personas insatisfechas de la propuesta actual de los partidos políticos e instituciones académicas, y deseosas de autogobernarse en la línea de sus valores.


En la primera semana de funcionamiento de este grupo, hemos encontrado tres esquemas conceptuales que sirven para cubrir sendos vacíos de la formación burocrática: la política como fenómeno social universal y como empleo del poder; los problemas públicos, como sentimientos de privación de algún valor por parte de las personas en lugar de “reificarlos”; la organización de grupos como actores de la política.


Efectivamente, la política y el empleo del poder que ella comporta, no deben ser vistos como actividades especializadas. Se pueden producir en todos los ámbitos sociales y los aspirantes a líderes políticos pueden aprender en todos ellos a apreciar lo que valoran las personas con que se relacionan. No debe el líder intentar actuar más allá del poder que pueda ejercer, y sí encaminar sus actuaciones a la consecución, mantenimiento y desarrollo de su poder, en términos de los valores de quienes pretende liderar.


No es difícil desde aquí pasar al segundo esquema que proponíamos. Los problemas públicos no son “cosas”, sino la suma de insatisfacciones de personas. La política burocrática de arriba abajo tiende a sustituir las insatisfacciones personales por abstracciones sustantivas y con frecuencia no responde bien a los valores en presencia. El liderazgo activista, en la medida que no pierde el contacto con sus votantes, puede desarrollar políticas de abajo arribamás satisfactorias para ellos.


No esperábamos que saliera tan pronto esta cuestión de la constitución y el funcionamiento del grupo de activistas; pero, efectivamente, ha surgido en los relatos y conversaciones en esta primera semana. Si el trabajo político ha de hacerse necesariamente en grupo, la constitución y funcionamiento de estos grupos va a ser un factor importante de la eficacia de los mismos. No será prudente que un líder piense que puede constituir un grupo eficaz con cualesquiera miembros. No se trata solo de pensar en sus competencias, sino ante todo en sus valores. Sin perjuicio de profundizar más en el tratamiento de esta cuestión más adelante, parece oportuno llamar la atención desde este principio en la necesidad de acordar valores como clave de la eficacia del trabajo en grupo.


De estos esquemas conceptuales estamos proponiendo ejercicios y serán también tenidos en cuenta en ejercicios de semanas sucesivas.


(Ver + en “Nuevos Liderazgos Activistas para la Democracia”/ Facebook)

miércoles, 9 de septiembre de 2020

EL ARTE DEL BUEN POLÍTICO CAPAZ. FORMANDO Y MANTENIENDO COALICIONES (II)

Ya publicado en mayor de 2.018




Los burócratas controladores desde arriba y los “soldaditos burocráticos” que todo lo esperan de lo que venga de arriba deben  transformarse o serreemplazados por activistas/líderes políticos, autogobernados en la línea de sus valores, y capaces de coaligarse con los líderes de los votantes, con otros activistas y con los dirigentes de sus partidos.

Esta transformación o reemplazo requiere una inversión de atención y recursos, a dos prácticas de dirección que los partidos y organizaciones políticas han trabajado poco y mal: por una parte, la organización de los efectivos de militantes y, por otra, su entrenamiento en las prácticas de interacción, y el de los dirigentes en la dirección consciente.

La organización política debe basarse en una arquitectura social que parta de la formación y animación de barrios (unos 10.000 electores=10 secciones electorales), que diferencie el papel de los líderes de opinión de los votantes, del de los líderes políticos/activistas. Y éstos llevar a cabo interacciones desde dentro (“inside”) y no viniendo desde fuera; no desde arriba; y en un lenguaje de valores y no solamente técnico burocrático.

Los activistas/líderes políticos han de coaligarse por medio de dos suertes de interacciones entrelazadas:

·        Conversando para coaligarse, en conversaciones de invitación, posibilidad, propiedad, dudas, compromiso y reconocimiento, formando comunidades de votantes
·        Actuando para coaligarse, escuchando y haciendo escuchar a los miembros de la comunidad entre sí; empoderando a los líderes sociales y ejemplificando en sus prácticas los valores que propugnan.

En el entrenamiento para llevar a cabo estas prácticas, conviene desarrollar habilidades,

·        conceptuales – la política, la organización, el poder, las interacciones/prácticas, mecanismos de la política;
·  de autocomprensión – motivos euilibrados, actitud hacia la racionalidad burocrática;
·        consciencia – los que tienen el poder, el entorno social;
·        interpersonales – interacciones, presentación persuasiva, reto productivo, lectura ajustada de otros.






El entrenamiento en prácticas políticas, como el deportivo, se requiere permanente y esto no se podrá hacer si la organización no es capaz de generar sus propios entrenadores. Estos entrenadores deben ser entrenados a su vez, para pasar de jugadores a entrenadores, a partir de “buenos prácticos”, o jugadores. El pase de jugador  entrenador eficaz pasa por adquirir la capacidad de reflexionar desde y sobre la práctica, y los modos de aprendizaje.

Le eficacia a largo plazo de un partido, está ligada a que sea capaz de aprender así de su propia buena experiencia.


La arquitectura social de la organización del partido puede enriquecerse notablemente con la constitución de equipos de aprendizaje de buenas prácticas alrededor de objetivos de resultados políticos, por barrios y secciones electorales.


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