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sábado, 11 de marzo de 2017

ARQUITECTURA SOCIAL Y POLÍTICA PARA ACTIVISTAS/LIDERES POLÍTICOS (i)










Joanot Martorell contaba en su famosa novela de caballería cómo Tirant lo Blanc era capaz de cristianar a diez mil infieles de una vez. Esto lo hacía después de haberles derrotado en la batalla y conminándolos con flechas y lanzas a que se convirtieran, y si no los mataría.
Estoy hoy nos suena a inverosímil, propio de una novela de caballería.





Sin embargo, hace menos de dos años tuve que tener en un seminario un debate intenso con un político asistente que, ante mi afirmación de que los votantes había que ganarlos de uno en uno, reaccionó casi enfadado y en la discusión llegó a afirmar que los votantes se podían conseguir, por ejemplo, de cuarenta mil en cuarenta mil. Afortunadamente los demás asistentes no estaban de acuerdo con él.

Dejando de lado estas anécdotas curiosas, la experiencia está demostrando que “apalabrar” el voto, y no dejarlo suelto al albur de avatares mediáticos requiere una comunicación permanente persona a persona entre el votante y alguna persona por la que quiere dejarse influenciar. Estos influyentes pueden ser líderes de opinión y también activistas políticos, si bien la influencia de éstos suele resultar más eficaz si se canaliza a través de los líderes de opinión con los que los activistas se coaligan.
Si esto es así, y cada persona interesada podría confirmarlo por ella misma aproximándose suficientemente a procesos de decisión de electores, la acción política para ganar y no perder votantes, debería tomar en cuenta la arquitectura social del electorado, y, además adecuar su arquitectura política de modo que contribuya a coaligarse con los líderes a los que otorgan influencia sus votantes actuales y potenciales.





La respuesta eficaz para no perder y ganar votos va a depender de nuestra capacidad de acertar en un equilibrio entre responder a cada demanda individual y saber priorizar entre esas demandas de los individuos, logrando algo que venimos a llamar como el interés de una mayoría.
Generalmente, nadie sabe lo que quiere la gente debido al aislamiento en que viven las personas. Allá donde existe una vida social, interacciones suficientes, es fácll deducir lo que quiere la gente, eso se suele ver claro sobre todo en momentos críticos cuando la gente reacciona con violencia ante amenazas o necesidades agudas.
Pero en muchos sitios, sin esas circunstancias extremas, las personas se relacionan poco o solo funcionalmente.
“Trabajamos, gastamos muchas de nuestras horas despiertos trabajando para alguien cuya vida no conocemos nada, que no conoce nada de nosotros; pagamos una renta a un propietario al que nunca vemos o vemos solo una vez al mes, y, sin embargo, nuestra casa es nuestra posesión más preciada; tenemos un doctor que está con nosotros en cruciales momentos de nacimiento y muerte, pero con los ordinariamente no nos encontramos; compramos nuestros alimentos, nuestras ropas, nuestro carburante de personas de las que frecuentemente no sabemos nada. Conocemos a toda esta gente en su capacidad ocupacional, no como personas como nosotros, con corazón como nosotros, deseos como nosotros esperanzas como las nuestras.
Y este aislamiento de los que contribuyen a nuestras vidas, y de aquellos a cuyas vidas contribuimos, no nos proporciona ninguna proximidad de nuestros vecinos en su aislamiento. Por cada dos o tres de nosotros piensa que nosotros mismos como algo mejor que cada uno de otros dos o tres, y esto se convierte en un muro mortal de separación, incomprensión, antagonismo. ¿Cómo podemos ir adelante con esta artificial separación? ¿Cuál es lo que pudre de nuestra vida?. Primeramente, debemos que aceptar que cada uno tiene algo que dar.”
Este texto de Mary Parker Follet, un poco barroco, indica sin embargo, una circunstancia muy crucial tanto para que un gobierno o un partido se embarquen en políticas que le aparten de sus votantes, como de que los  ciudadanos comprendan mejor sus intereses en el contexto de los intereses de los demás que les son próximos  

La suma de ocurrencias individuales no sirve de base sólida para basar una política que preserve de perder/ayude a ganar votantes.
En la realidad, así como no sabemos fácilmente qué quiere la gente, tampoco está muy claro siempre qué sea un barrio. Un conjunto de habitantes que viven en contigüidad física, aunque cuenten con elementos de convivencia como centros de enseñanza, iglesias, centros comerciales, parques y otros equipamientos de uso común, no forman un barrio si no existe una “cierta conciencia de barrio”. Esta conciencia se ha formado en algunos núcleos de población fruto de la historia vivida. Sin embargo, en los tiempos más recientes, la llegada rápida de nuevos habitantes ha provocado una acumulación de personas sin que la conciencia de barrio se desarrollara. Y en las ciudades más grandes, se viene utilizando divisiones mayores, los distritos, que juntan auténticos barrios antiguos con zonas de habitantes en las que no ha tenido lugar el desarrollo de la conciencia de barrio.




De ahí que el primer servicio que puede prestar un activista a sus votantes actuales y potenciales es el de juntarlos y crear las condiciones de que prioricen colectivamente, es decir contrastando sus ocurrencias con las de los demás y elegir las que colectivamente, siguiendo un método que acepten, resulten prioritarias para un período.
Mary Parker Follet prescribe estas cinco vías para desarrollar la conciencia de barrio:

1.  “Por reuniones regulares de vecinos para la consideración de los problemas del barrio y cívicos, no meramente reuniones esporádicas y ocasionales para objetos específicos y ocasionales.
2.  Por una genuina discusión en estas reuniones regulares.
3.  Por aprender juntos – a través de lecuras, clases, clubs,  compartiendo la experiencia unos de otros a través de intercursos sociales; aprendiendo formas  de expresión de arte comunitario; en resumen liderando una vida comunitaria actual.
4.  Por tomar más y más rensposabilidad por la vida del barrio.
5.  Por establecer alguna conexión regular  entre el barrio y los gobiernos de la ciudad, el estado y de la nación.”

Paralelamente, el partido que quiera conocer cuáles son los intereses colectivos de unos vecinos bien educados socialmente, no tiene porqué intentar controlar el liderazgo social de los vecinos, sino más bien fomentarlo y apoyarlo, con la acción de sus activistas, actuando de facilitador de las relaciones con las instituciones publicas.
Un proceso de constituir comunidades de sus propios votantes, a partir de cada sección electoral, servirá a la vez para contar con voluntarios que apoyen la creación de la conciencia de barrio, estimular el liderazgo social natural del mismo, conocer de primera mano las vicisitudes por las que atraviesan, e ir haciédose sensibles a los procesos reales de decisión de los electores.

La discusión de problemas en un barrio que va cobrando conciencia de serlo, tiene la ventaja de tratar problemas que difícilmente pueden ser manipulados por lo patente de los mismos, y sobre esa problemática genuina ir tejiendo las interacciones  que contribuyen a obtener por una vía respetuosa con los individualidades un interés colectivo. Este paso de lo individual a lo colectivo es una clave de la sana política democrática.







El gobierno de un municipio organizado administrativamente por distritos, sacará ventaja de dar realidad también administrativa a sus barrios, contribuyendo a que conjuntos de vecinos adquieran conciencia de tales 

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CONVERSANDO PARA COALIGARSE. EL ARTE DEL ACTIVISTA/LIDER POLÍTICO. Valencia, 31 de marzo y 1 de abril. Ver eventos de Facebook.

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