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domingo, 2 de abril de 2017

UNA INVITACION A LA MAESTRIA DE LA PRÁCTICA POLÍTICA (I)











La política es un conjunto de prácticas cuyo valor individual y colectivo depende de la situación en que se desarrolle, de las metas de sus actores y de los recursos que estos puedan disponer o generar.

Por ello, es inútil y, con frecuencia peligroso, intentar aplicar en ella reglas generales. Más bien, debemos considerarlas como una de esas actividades humanas que se mejoran en la medida que sus actores adquieren una maestría de las prácticas que se desempeñen mejor en cada situación, respondan mejor a las metas individuales y colectivas de los actores, y estos sean conscientes de los recursos de que pueden generar/disponer.

En la entrada anterior titulada MAESTRIA he expuesto lo que entiendo por ello, por lo que no es necesario volverlo a repetir.

Aquí voy a plantear una invitación a explorar con quien así lo quiera, cómo puede jugar esta actividad directiva en la sostenibilidad/ desarrollo de las formaciones políticas en un sistema democrático.

Solamente, y para perfilar lo contenido en esa entrada, invito a que en esta exploración, se vayan abandonando las reglas, consignas y doctrinas generales, 
que sean otra cosa que estímulos y soportes para que los actores individual y colectivamente lleven a cabo, de un modo permanente  una conversación reflexiva con la situación” (Schön, 1983), para evaluar/mantener/mejorar sus prácticas.

Una primera exploración sobre si y cómo esto puede ser posible en la práctica política, nos va a llevar a tomar en consideración, cosas como el lenguaje y los medios de comunicación, el sistema de evaluar lo que puede considerarse como deseable/indeseable, la posibilidad de contar con una teoría abarcadora, y el marco de referencia que los actores tienen de su papel a jugar.

Y avancemos que todos los intentos de definir esto burocráticamente desde una instancia superior y central, está condenada al fracaso y que las prácticas que no se acomoden a una determinada situación de estas cosas tampoco tiene muchas posibilidades más allá de contribuir a una mala práctica de “decir una cosa y hacer otra”. Esta incongruencia, en la medida de que está bastante extendida, es causante de mucha de la desafección política que se vive hoy en los sistemas democráticos.


Por el contrario, cuando en una situación, tienen lugar actividades como diálogos de valores/prácticas entre los actores, reflexión individual y colectiva actores que logran buenos resultados, juegos de compromisos/apoyos, entrenamiento de nuevos por “buenos prácticos” veteranos que, a su vez, se entrenan para ello, es frecuente encontrar una sostenibilidad de sus resultados.

Naturalmente, no siempre esa sostenibilidad en los resultados es la meta prioritaria de todos los actores, como hay sobradas experiencias.

En la próxima entrada, voy a dar un salto sobre estas consideraciones metódicas, para avanzar una colección tentativa de prácticas que podrían formar un primer ciclo de formación y entrenamiento en la maestría de la práctica política.

En otra siguiente, retornaré a las cuestiones aquí enunciadas, en parte para justificar y explicar cómo puede ser viable este primer diseño, y por otro lado, para exponer mis dudas sobre la extensión con que todo esto puede ser posible, en nuestra coyuntura política.


Leer + en otras entradas de este mismo blog
PROXIMA CONVOCATORIA: "Maestria de la Práctica Política"



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