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lunes, 2 de diciembre de 2013

DIALOGO Y DISCUSION

ESTAS SON UNAS REGLAS DE COMPORTAMIENTO PROPUESTAS POR UN CONJUNTO DE CIENTÍFICOS E INVESTIGADORES EUROPEOS, QUE PUEDEN SERVIR PARA EL ENTRENAMIENTO DE ACTIVISTAS Y LÍDERES, EN ORDEN A FACILITAR LAS PRACTICAS DE COALIGARSE. NO APRENDER JUNTOS ES UNO DE LOS OBSTÁCULOS MAS PODEROSOS AL MANTENIMIENTO DE COALICIONES. 








La disciplina del aprendizaje en equipo implica dominar las prácticas del dialogo y la discusión. En el diálogo, existe la exploración libre y creativa de asuntos complejos y sutiles, donde se “escucha” a los demás y se suspenden las perspectivas propias. En cambio, en la discusión se presentan y defienden diferentes perspectivas y se busca la mejor perspectiva para respaldar las decisiones que se deben tomar. Aunque, en la realidad, podrían ser complementarios, la mayoría de los grupos no saben distinguir entre ambos y moverse conscientemente entre uno y otro.

El aprendizaje en equipo implica también aprender a afrontar creativamente las fuerzas poderosas que se oponen el dialogo y la discusión productivas (“rutinas defensivas”, “guerras de abstracción”)

Aprender a escuchar las voces disidentes, equilibrar la exposición y la indagación, mirar los problemas desde puntos de vista diferentes, tienen que ver sobre todo con los valores con que un equipo concibe que deben inspirar su actuación. Pero también es posible pensar en apoyar a esas personas en reflexionar y mejorar su manera de hacerlo.

La exposición improductiva impide que uno comprenda la posición de los demás, impiden que los demás comprendan la posición de uno, dificultan el descubrimiento y resolución de problemas sistémicos de base y dañan la vida colectiva:

o      presentar opiniones como si fueran hechos comprobados;
o      no explicar ni revelar razonamientos que justifiquen la opinión;
o      no dar ejemplos ni ilustrar en forma práctica el significado de la opinión;
o      no exponer dudas ni revelar áreas de inseguridad o ignorancia;
o      evitar preguntas y objeciones;
o      argumentar que la opinión propia es la única razonable;
o      hablar más que escuchar, interrumpir a los demás;
o      demoler los argumentos de los otros.

     El indagar improductivo produce las mismas consecuencias negativas:

o      expresar las declaraciones como preguntas;
o      formular sólo preguntas que conducen la respuesta o retóricas;
o      no formular preguntas que expongan desconocimiento;
o      solicitar las opiniones del otro sólo para verificar que concuerdan con las propias;
o      escuchar únicamente aquello que concuerda con las ideas propias y descartar el resto;
o      no hacer preguntas sobre datos o razonamientos;
o      utilizar las preguntas para interpretar;
o      esconder supuestos capciosos en el trasfondo de la pregunta.


       




Si logramos exponer productivamente, estamos abriendo a los demás los razonamientos propios para ayudarles a entender por qué uno piensa lo que piensa:

o      Apropiarse (hacerlas propias) de las opiniones, inferencias e interpretaciones que uno expresa. Reconocer que son lo que “uno piensa” y no la “verdad objetiva”. Más aún que ese pensamiento nace de bases precarias y siempre perfectibles. Expresar los sentimientos de uno hacia las cosas, más que calificar las cosas en sí.
o      Admitir implícitamente ante uno mismo, o explícitamente ante los demás que uno puede estar equivocado (por tener información incompleta, por haber cometido un error lógico, por hacer inferencias inválidas, por no haber considerado alternativas relevantes, por desconocer objetivos de otros o por cualquier otra razón;
o      Exponer aquellos supuestos, prejuicios, y presunciones de los que uno sea consciente. Plantear el escenario en el cual uno asume que se desarrollan los acontecimientos que se van a analizar permite a los demás contextualizar el argumento y comprender mejor el razonamiento;
o      Exponer las observaciones (datos objetivos) que fundamentan su razonamiento. Recordar que los datos apoyan las conclusiones pero no las validan. Recodar que puede haber otros datos relevantes que uno no ha incluido en el análisis, o que las observaciones pueden estar sujetas a error.
o      Exponer las inferencias lógicas y las comparaciones con estándares que llevan al razonamiento de los datos a las conclusiones. Hacer estos estándares tan explícitos como sea posible.
o      Recomendar acciones basadas en las opiniones que uno sostiene. Explicar las consecuencias que uno prevé por actuar, o no actuar, en la situación considerada. Comparar estas consecuencias con los objetivos.
o      Ilustrar el razonamiento con ejemplos y casos concretos. Plantear situaciones que permitan a los demás entender los alcances del razonamiento y las recomendaciones de acción en contextos específicos.
o      Verificar que los demás hayan entendido el argumento. Darles oportunidad de hacer preguntas que promuevan aclaraciones, alentarlos a indagar.
o      Invitar a los demás a que opinen sobre la perspectiva expuesta  y ofrezcan complementos o alternativas. Indagar cuáles son sus reacciones respecto de los argumentos y solicitar oposición a éstos.
o      Evitar la tentación de defender la posición propia, antes de comprender la posición de los demás. Colocarse en la posición de indagar antes de volver a exponer. Si alguien expresa dudas sobre la conveniencia de algún curso de acción expuesto, preguntarle cómo le parece que se podría hacer de modo más efectivo.

La indagación productiva es una forma de descubrir los razonamientos de        los demás, de ayudarles a exponer no sólo qué piensan, sino porqué piensan lo que piensan. Permite a los otros presentar elementos de su proceso de pensamiento y ser escuchados con respeto y atención.

La condición fundamental para indagar productivamente no tiene que ver con una técnica sino con la actitud en la escucha. La capacidad de prestar atención es inversamente proporcional a la necesidad de tener razón.

o      No interrumpir (o “completar” las oraciones del otro).
o      Mantener contacto visual y una posición corporal abierta.
o      Verificar que uno comprendió la perspectiva del otro e invitarle a apropiarse de su interpretación mediante la “posición de espejo”: resumir la postura del interlocutor expresándola en forma responsable y preguntándole si se ha captado lo que el otro intentó comunicar. Si el otro cree que uno no resumió su posición correctamente, uno puede pedirle que la corrija o que la vuelva a expresar. Es fundamental no seguir adelante hasta que el otro no haya dado el visto bueno a la forma en que resumió sus ideas.
o      Orientar la indagación hacia el aprendizaje y no a probar que uno está en los cierto y el otro equivocado. Hacer preguntas abiertas que den al oro la posibilidad de explayarse.
o      Investigar los supuestos que subyacen a la interpretación del otro. Invitarlo a comentar las condiciones de contexto que dan sentido a su texto. Verificar las inferencias que uno hace sobre el marco conceptual que el otro usa para interpretar la situación.
o      Preguntar por las observaciones y datos que sustentan el razonamiento del otro. Antes de evaluar si el razonamiento es cierto o relevante, intentar entender cómo su interlocutor lo fundamenta (o no) sobre bases de hechos.
o      Pedir al interlocutor que manifieste sus inferencias lógicas y sus criterios de evaluación que utiliza. Intentar entender de dónde derivan esos criterios.
o      Indagar sobre las recomendaciones o sugerencias de acción que el otro deriva de su opinión. Invitarlo a explicar cómo esas acciones ayudan a conseguir ciertos objetivos. Pedirle que conecte esos objetivos con necesidades o intereses individuales o colectivos.
o      Pedir que el interlocutor ilustre su razonamiento con ejemplos y casos concretos.
o      Verificar la comprensión de la posición de la otra persona resumiendo sus puntos principales.

o      Una vez que el otro acepte el resumen de su posición pedirle permiso para agregar información o presentar algún desacuerdo. No introducir ninguna contra-argumentación sin el visto bueno del interlocutor.









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Leer + en "La Quinta Disciplina" de Peter. M. Senge, editado por Granica en 1992, y en "Metamanagement" de Fredy Kofman. editado también por Granica en 2.001. Hay varias ediciones sucesivas de ambos libros.

En sucesvas ediciones ampliadas del seminario ACTIVISMO/ LIDERAZGO POLÍTICOS  se van a incluir pautas para entrenamientos sobre el equilibrio diálogo/discusión.

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