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viernes, 18 de abril de 2014

DOS GRANDES EJES DE MANIOBRA








Al considerar en la preparación de la campaña – que ha podido ser llevada a cabo en el proyecto de arranque - se  plantea la  materialización en comportamientos deseados de votantes actuales y potenciales de la estrategia y organización/dirección de la campaña electoral.

Para ello, considera dos grandes ejes de maniobras:

ü      Una maniobra “sembradora”, que, definida una candidatura y unos temas de campaña, “siembra” en el electorado la semilla de una serie de mensajes, sin esperar otra respuesta del electorado, que no sea el resultado de las urnas, o, en todo caso, la declaración muestral de una intención de voto.
ü      Una maniobra “coaligadora”, que busca el contacto personal con los votantes actuales y potenciales, y adquirir con/de ellos, ciertos compromisos, como contrapartida de un producto político que responde a sus preferencias.


 En las prácticas profesionales se habla con insistencia en la vuelta a las “campañas de base” (grass-roots). Las investigaciones siguen confirmando la vieja tesis (más de 50 años) sobre el papel predominante de las comunicaciones interpersonales en la formación de la opinión pública, y las experiencias prácticas arrojan en cada cita ejemplos de elecciones ganadas, en base a campañas de este tipo. Unas veces, un buen número de voluntarios, bien entrenados y dirigidos, ha compensado con creces unos presupuestos publicitarios comparativamente modestos. En otros casos, una campaña bien financiada ha llegado a arrasar a impulsos del contacto personal de su equipo.

Si la política consiste sobre todo en hablar con la gente y ponerse de acuerdo con ella”, el contacto y la comunicación interpersonal han de jugar un papel primordial en su práctica. De hecho, existe un consenso generalizado acerca de que el contacto y la comunicación interpersonal son los medios más poderosos en la obtención de votos en unas elecciones  locales. (Pero, al fin y al cabo, ¿no son todas las elecciones locales?).

La comunicación personal, al permitir una acción en los dos sentidos, es más propicia para cambiar actitudes y, por consiguiente, hacer un trabajo más profundo en lograr cambios en el interlocutor. Por otra parte, permite escenificar mejor el intercambio: ¿Qué me das por mi voto? ¿Tú que quieres?

Por razones como éstas, y a continuación de los puntos clave de la preparación, la estrategia, los planes y la organización, consideramos a la identificación, clasificación y tratamiento individual de los electores, como el siguiente punto clave de una campaña electoral eficaz.

Las propuestas que se avanzan podrían considerarse, en un cierto sentido, como formando parte de la preparación de la campaña. La información que recoge aporta datos muy relevantes para la priorización de segmentos de electores, para explorar problemas relevantes para los electores, para ponderar criterios de decisión de voto, para registrar reacciones a eventos y mensajes.




Desde otro ángulo, un buen trabajo de campo sobre los líderes de opinión y los electores no se improvisa. No se trata de “ir a la calle” a hablar con la gente. Una buena “tropa” para el contacto directo necesita de buen entrenamiento y soportes de apoyo, y una supervisión que garantice el orden y la dirección del trabajo. Y su mejor rendimiento se obtiene cuando las entrevistas personales y las reuniones van combinadas con llamadas telefónicas, envíos por correo directo y son apoyadas por actuaciones desde la página Web y las redes. Se trata, pues, de un trabajo sofisticado y complejo, cuyos resultados van a estar muy condicionados por la calidad de la organización y dirección con que se lleven a la práctica. Lo que aconseja que estas disposiciones organizativas se tomen con suficiente anticipación y cuenten con el tiempo necesario para ser ejecutadas correctamente. Cuanto antes, pues, se empiecen a tomar medidas al respecto mejor será el resultado. No merece, pues, la pena esperar a terminar todo el trabajo de preparación. En cuanto se llegue a la conclusión de que este trabajo de campo es interesante para la meta y las estrategias de la campaña, debería comenzarse  a constituir un Comité de Operaciones de Campo y nombrar un Director de Operaciones de Campo y sus colaboradores, y poner en marcha la redacción de manuales, la preparación de los soportes necesarios y los primeros voluntarios sobre el terreno.

Desde el momento que la primera persona de campo toma contacto con un elector, no sólo se obtiene información de él, sino que el mismo contacto es ya un impacto que como mínimo contribuye a la notoriedad del candidato y en algunos casos a mejorar su imagen favorable. Luego, al mismo tiempo forma parte del trabajo de comunicación de la campaña. Son las ventajas de la comunicación en los dos sentidos que comporta el contacto directo, si se lleva a cabo adecuadamente.

Así, se presenta aquí la identificación y clasificación de los electores, como primera fase del proceso activo de una campaña electoral, o si se quiere la segunda fase, si la preparación con sus determinaciones de estrategia, planes y organización se toma por la primera.

Así las acciones de la maniobra “coaligadora” sientan las bases, como veremos de una maniobra “sembradora” más fructífera, al precisar mejor los blancos de la comunicación unidireccional y los temas y los mensajes de la misma.






En la práctica, cualquier campaña resulta de una mezcla de ambas maniobras, por lo que vamos a estudiar ambas y cómo llevar a cabo la combinación de las mismas.


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