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viernes, 4 de abril de 2014

CON PRIMARIAS PERO SIN DIRECCIÓN

((Artículo publicado ayer en el diario LEVANTE, de Valencia)



Parece que las elecciones primarias abiertas son un paso, un buen principio para ir superando la brecha
de la desafección política.  A pesar de las resistencias, las trampas, la inexperiencia y los errores.

Hay que felicitar y agradecer a los que se han esforzado y esfuerzan porque eso vaya siendo
posible.

Cabe decir que las organizaciones que están eligiendo sus candidatos en primarias abiertas, mejoran en imagen y en sus interacciones sociales. Y han empezado un proceso que, de seguir bien alimentado, puede
hacerse fuerte como para ir eliminando la desafección, o al menos, paliando muchos de sus
efectos negativos.

Porque unas primarias abiertas no son sólo, ni siquiera lo más importante, un modo de designación más abierto de los candidatos y dirigentes.

Si los dirigentes potenciados por la legitimidad adicional delas primarias abiertas, se decidieran
a afrontar las metamorfosis de las burocracias de sus partidos, dotándolos de una dirección consciente hacia los resultados políticos, que hoy no tienen, estaríamos asistiendo a un cambio más trascendente.

La dirección consciente hacia los resultados políticos producirá una política de abajo arriba que, al menos, equilibre la política de arriba abajo, que está contribuyendo a la desafección paralela de militantes y votantes.

La política de abajo arriba no puede ser un latiguillo publicitario
de campañas electorales. Hoy sabemos que puede traducirse en prácticas políticas que se vienen mostrando como buenas y eficaces, allá donde se llevan a cabo.

Algunas de las buenas prácticas que tienen demostrado que contribuyen a la sostenibilidad de los resultados políticos:

  • completar la estructura funcional y sectorial con una dimensión formada por proyectos de mejora de resultados, en base a unidades manejables – un barrio,entre 10.000/15.000 habitantes;
  • encomendar la dirección política de estas unidades a activistas,militantes despertados del sueño de la obediencia burocrática, dispuestos a escuchar/ preguntar antes de decir y de acompañar a los votantes en sus decisiones políticas;
  • creando comunidades de votantes partidarios. En su seno las necesidades individuales se socialicen, a través de instrumentos como «el barrio que vivimos/el barrio que queremos», a partir de escuchar y 
  • contar relatos sobre lo que mejora/empeora la calidad de vida de los votantes.




Sin la dirección política consciente, al estilo de lo que aquí se apunta, los síntomas de la desafección– abstención, disminución del número y desmovilización de militantes, mala valoración de los políticos – se mantendrán en niveles no deseables.

Lo que, en cambio, no impide que puedan producirse rotaciones en las mayorías y la titularidad de los gobiernos de las instituciones.
 Conformarse con esto, contribuye a mantener viva la desafección política.




 

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